
Es fácil decaer, siempre lo ha sido. Estamos hechos para recibir todo tipo de decepciones, para tragar saliva y cantar una canción en nuestra mente que nos haga olvidar la realidad. Pero la realidad es que todo está mal. La rutina nos consume. ¿En que momento la vida se volvió un fastidio?. ¿Cuando nos olvidamos de vivir?. ¿Cuando dejamos de mirar las nubes?. Tanta es nuestra ambición que todo lo que teníamos se transformo en algo insuficiente. Podríamos alejarnos de esta sociedad enferma, pero ¿Sería esa la solución?. No somos únicos ni especiales, solo estamos en una constante búsqueda de la verdad, todos nosotros, no uno ni dos, todos.
¿Como saber quién miente? ¿como olvidar nuestra hipocresía? ¿de que manera hemos de borrar nuestros rostros de la memoria?. Si de algo estamos seguros dentro de toda esta confusión, es que el tiempo jamás vuelve. El futuro no existe. Somos unos pequeños vestigios de nuestros recuerdos, nos esmeramos en vivir en nuestra memoria, manteniendo una actitud recta ante lo que ya nos han establecido como Vida.
Vemos asesinatos a diario, a cada segundo un ideal muere, a cada minuto la fe en lo posible se vuelve casi imposible de mantener. No nos acostumbremos a esta muerte, no aceptes algo que te parece tan sucio. Sí, quizá debas hacerlo, pero no te contentes con ello. El que se pierde es aquél que disfruta de lo que siempre negó, es aquél que defiende lo odiado por el simple hecho de temer ser uno más.
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